En seguida, mandó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían el viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. Pero Jesús les dijo: «Tengan confianza, soy yo; no teman». Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». «Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Mt 14, 22-29
¿Cómo
explicar la acción del Espíritu Santo en la vida de cada uno? Es tan bella y
sutil que las palabras no bastan para hacer justicia a sus cuidados. Hace falta
fe, y ése ha sido el tema de hoy en el grupo carismático de oración en el que
participo desde hace un año.
Porque el Espíritu Santo respeta siempre nuestra
libertad, hace falta que seamos nosotros quienes elijamos dejarlo actuar. Es
necesario un salto de fe, divorciarse de los límites que nos hemos impuesto, y
dar paso a lo desconocido. Es necesario hacer como Pedro y dejar la comodidad
de la barca.
Comparto contigo cuanto he recibido. No son mis
palabras, ni mi mensaje o ideas mías, sino las palabras que el Espíritu ha
querido hoy para ti y para mí. ¿Esto que te digo tiene alguna explicación
racional? No. Sólo cabe decir que los dones de Dios están ya en cada uno de
nosotros… sólo es necesario elegir libremente hacernos instrumentos de tan
dulce Maestro.
A la pregunta “Dios, ¿qué quieres decirme hoy?”, Él
respondió:
No tengas miedo. ¿Cuándo te ha faltado
mi Amor? ¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre? Tu corazón arde ante el Mío.
Deja pues que mi Amor te sane. No tengas miedo, pues siempre estás en mi mano.
Hasta los cabellos de tu cabeza están contados. Me regocijo en el más pequeño
detalle de tu ser. No hay nada que no pase por mi Amor por ti. Ten siempre en
mente y corazón a aquellos hermanos tuyos que me buscan y no encuentran la
dicha que tú ya tienes. Pídeme siempre por ellos: también los quiero conmigo.
La salvación es para todos. Añoro que todos vuelvan a Mí. Soy el Eterno Padre
del hijo pródigo. Mi Amor no tiene condiciones. Vengan a Mí, a mis brazos, que
quiero amarlos. La salvación está al alcance: basta elevar los ojos, elevar el
corazón, tener el deseo de que yo pueda habitar en cada uno de ustedes. Mi Amor
es Paz y Alegría. Quiero besar tu corazón y sanar sus heridas, liberarlo de
todo miedo y hacerlo arder en Amor por la humanidad. No te juzgues, que yo sólo
te amo.
